Limp Bizkit está en la casa

Los enemigos públicos número uno del mundo pesado volvieron a Argentina y trajeron su fiesta con ellos, y  un Malvinas lleno los recibió con los brazos abiertos.limp-bizkit-en-argentina-2013-foto-x-victor-guagnini-8

Luego de que los plomos de probaran todo y repartieran púas y baquetas a diestra y sinistra las luces se apagaron y Limp Bizkit se reunió con sus fans luego de dos años de ausencia.

El primero en entrar es el enemigo público número uno Freddy D (Fred Durst) con una de sus características gorras, bermudas y un buzo blanco que no se sacaría en ningún momento del show. Lo siguen John Otto (batería), Sam Rivers (bajo) y por último Wes Borland que parece un alienígena salido de la nave que supo ser parte de su escenografía en el 98’ durante su tour Family Values. Pintado de blanco y con un set de casco, hombrera y brazal de luces de colores que cambiarían durante todo el show.

El arranque fue agresivo, casi digno de un cierre épico, de la mano de Rollin’ acompañado por todos con el “pasito” del volante durante el estribillo. Durst de mueve y convulsiona sobre el escenario mientras tira verso tras verso y e invita a cantar el estribillo a todo pulmón.

Le siguen rápidamente Hot Dog, Bring it Back, Gold Cobra y My Generation que demuestran que los 90’ están de vuelta, más polenta que nunca, pareciera que no tienen límite y que suenan mejor ahora que antes, en su época; será porque crecimos nosotros o simplemente porque la tecnología es mejor, pero el mensaje es el mismo, “nada va a importarme una mierda hasta que a vos te importe mi generación”.

El pogo, los saltos y los gritos juegan de base para la humilde puesta en escena de de LB, solamente un telón con sus caras hechas en 8bit y una escalera que une el piso del escenario con la plataforma de la batería, parecerá poco, pero con Borland y su armadura nada puede competir, más aun cuando esta muestra los colores de nuestra bandera en sus patrones de luces.

Al costado se pueden ver unas hermosas chicas con ropa ajustada que bailan al ritmo de los beats y drops de Bizkit y por más que todos esperábamos que tomaran parte del show todo quedó en el deseo.

El set de 16 canciones avanza rápido y “el puto dios del rock” nos dice que nos invitaría a cenar a todos después del show, pero que está quebrado y da paso a el regalo de la noche I’m Broke. Y luego ocurre un milagro que solo un dios puede conceder, un afortunado es invitado al escenario para cantar el último single de la banda Ready to Go y con Fred a su lado logra una excelente historia para contar.

Llega la hora de la perlita, conectada con la línea de bajo de Re-arranged llega de forma inesperada el cover de Killing in the Name (de RATM) que desata a la masa que salta y se golpea al ritmo de los ideales de de la Rocha.

Y ya solo nos queda el cierre en dónde despachan toda la munición pesada Nookie, Behind Blue Eyes, Take a Look Around (con todo el campo agachado) y Break Stuff para rematar lo que queda de energías.

“Somos los mejores, todos vienen acá” nos dice Fred “los respeto mucho” y se retiran definitivamente para volver, esperemos en un año o dos.

Crónica publicada en Buenos Aires en Foco

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